Estoy aquí para hablar de una de los temas que debe cambiar de cara al futuro para que haya una evolución educativa factible: el papel del alumno y del profesor.
Estamos acostumbrados a ver profesores que se sientan en una silla y escupen durante una hora conocimientos vacíos sin ton ni son. Es lo que hemos visto (bajo mi experiencia) toda la vida. El profesor era (y sigue siendo en la mayoría de los casos) un transmisor de conocimientos, mientras que los alumnos son un objeto más en la clase. Pero con el continuo avance de las tecnologías y con la llegada de Internet en concreto, sabemos que todo lo que explica el profesor lo tenemos en mil páginas web, ampliado y mejor explicado. Entonces, ¿para qué vamos a la escuela?
Antiguamente, nuestro Entorno Personal de Aprendizaje (PLE) se basaba en el profesor, un cuaderno y un bolígrafo. Actualmente, disponemos de muchísimas cosas más gracias a Internet (redes sociales, blogs, pizarras electrónicas...). ¿Por qué no lo aprovechamos al 100%? ¿Por qué hay profesores a los que parece que les da tirria usar Internet, si incluso ellos lo pueden utilizar para aprender?
Toda la vida hemos visto a niños llorar cuando entraban a la escuela, como si fuesen a recibir una tortura diaria. Y es que tener a un niño cinco horas sentado escuchando algo que no les interesa es muy parecido a una tortura para él.
Hay que empezar por cambiar el rol del alumno y del profesor. El profesor tiene que perder ese protagonismo del que dispone por tradición. Los alumnos deben ser los dueños de su aprendizaje. El docente debe ser capaz de guiar al niño y de darle todas las ayudas posibles para que pueda reflexionar y analizar por su cuenta hasta llegar al aprendizaje. Solo así haremos que los niños puedan ir con ganas al colegio, que vayan motivados. Porque un niño que no está motivado pierde muchísima capacidad de atención, si no la pierde toda. El profesor debe despertar la motivación intrínseca del alumno. Que el niño quiera aprender porque sí, porque le sale de dentro.
Tradicionalmente se ha enseñado a los alumnos procedimientos teóricos, sin hacerles llevar esa teoría a ningún caso práctico. Esto, además de aburrir al niño, hace que lo que aprendan solo lo usen dentro de la escuela. Cuando salen de ésta, salen ellos, pero sus conocimientos se quedan dentro. Forman parte de la escuela, no de él mismo.
Como bien dice Ken Robinson, las escuelas están destruyendo la creatividad de sus alumnos. Para empezar, las actividades que tienen que ver con el arte (dibujo, música, danza...) están desprestigiadas, y la mayoría de personas (tanto fuera como dentro de la escuela) piensan que no sirven para nada, ya que el niño no se va a dedicar a nada de eso. Puestos así, tampoco damos matemáticas, pues nuestro niño tampoco creo que estudie economía o finanzas. Por si fuera poco, la escuela acostumbra a realizar tareas en los que solo tiene cabida una respuesta. Otro ejemplo "anticreativo". Si al menos diéramos al niño la oportunidad de investigar por su cuenta, que realice encuestas a personas de la calle, que reflexione él mismo, que llegue a SU propia conclusión, daríamos un gran paso en la educación.
En conclusión, una escuela donde los alumnos sean los protagonistas, donde el profesor les ponga a disposición todo tipo de ayudas para que aprendan a valerse por sí solos, y donde la tecnología juegue un papel fundamental, será una escuela donde los niños van a aprender, con total seguridad.